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El líder ‘aumentado’ gana terreno con la inteligencia artificial

La IA pone sobre la mesa la redefinición de muchos puestos de trabajo, la posible desaparición de algunos y la creación de otros. Mientras modifica también el modelo de negocio y el organizativo, es el mismo estilo de liderazgo el que tendrá que deconstruirse y resurgir.

Madrid, 25 de octubre. La IA, o, mejor dicho, las voces referentes en IA, nos hacen la promesa de su potencia en la identificación de patrones para la toma de decisiones, del aumento de eficiencia y agilidad, de ser más productivos y liberar el tiempo para dedicarlo a lo importante, lo humano. A simple vista, buenas noticias para los líderes de equipos, cuya primera acción deberá ser buscar la convivencia, la armonía y en el futuro, una saludable simbiosis humano-equipo-IA. Así que la preguntas a realizar ahora son:

  • ¿Dónde aplicar entonces la Inteligencia Humana (IH)?
  • ¿Cuál es el valor del líder en la era de la IA?
  • ¿Dónde poner foco?

Yolanda Romero, coordinadora de Campus IA+Igual, presenta 8 elementos que, en su opinión, vertebran el valor de un líder en la era de la IA.

8 claves
  1. Aprender a desaprender: no es tan fácil hacerlo como decirlo. Aprender siempre ha necesitado esfuerzo, aunque nos vendan lo contrario, porque nos supone un ejercicio al menos de tiempo y atención ¡palabras mayores! Además, nos exige una actitud abierta y permeable a lo nuevo, y en cierto modo también “positiva”, para ver este ejercicio constante de aprendizaje, ya casi permanente, como un engrosamiento de nuestra experiencia y de nuestras capacidades. Por otro lado, desaprender implica soltar aquello que no ya no nos funciona, las ideas, hábitos y creencias que nos impiden avanzar. Quitar “vicios”, que diría Aristóteles, nos cuesta más si cabe porque implica discernir entre lo que ya no nos sirve y aquello que, aun siendo viejo, no es obsoleto, al contrario, se constituyen como pilares que nos sostienen cual espina dorsal para poder reinventarnos con cierta solidez en este contexto líquido.
  2.  Perspectiva más humanista: el auge de la tecnología ha provocado que las habilidades mal llamadas “blandas”, yo diría transversales, sean más críticas que nunca. La gestión del miedo a nuevos escenarios, la aceptación de la incertidumbre, la generación de confianza, la resolución y manejo de conflictos, la gestión no solo intergeneracional sino “intercompetencial” en los equipos, son solo algunos aspectos en los que podrá enfocarse más el líder si la IA le libera de tareas rutinarias. En definitiva, para sacar lo mejor de las personas en contextos volátiles, muy rápidos y de gran presión, el líder necesita ser un acompañante de su equipo, un mentor, un aliado. Para lograrlo tendrá que ser respaldado y sostenerse en prácticas y formas de proceder de la organización alineadas con estas altas expectativas que exigimos a los líderes en convivencia con la IA.
  3. Pensamiento crítico: fundamental para cualquier persona que ejerza el liderazgo en entornos complejos. Supone poner el foco en el plano racional para equilibrar el exceso de emocionalidad y entusiasmo y a la vez de miedo y rechazo que existe entorno a la IA. Este proceso intelectual nos ayuda a analizar y evaluar la información de manera objetiva, cuestionando los planteamientos y las suposiciones, identificando sesgos y utilizando el razonamiento lógico para llegar a conclusiones fundamentadas necesarias para separar grano de paja.
  4. Pensamiento abstracto: capacidad cognitiva humana que permite la creación de conceptos que no necesariamente están basados en la realidad física y que nos permite deducir, comparar, extrapolar lo aprendido a cualquier situación y contexto, sacar conclusiones. Se hace fundamental para entender la coyuntura tecno-social y tecno-laboral actual, ya que nos posibilita sintetizar las ideas de manera creativa y la construcción de conceptos mediante la integración única de diferentes elementos. De hecho, sin pensamiento abstracto no hay pensamiento creativo. Por el momento seguimos siendo superiores a la IA.
  5. Pensamiento creativo: bebe de la curiosidad, del interés por conocer, de la valentía de explorar. Es un modo de formular, plantear y generar conceptos o de conectarlos entre sí, de abordar la resolución de problemas. Según Howard Gardner, una persona no es creativa en general, sino que es creativa en una cosa en particular, ya sea en escribir, pintar o dirigir una empresa. Este tipo de pensamiento es clave a la hora de resolver problemas desde un plano distinto y superior del que surge el problema. “Crear” una solución nueva, de imaginarla desde un plano diferente, es diferenciador del ser humano.
  6. Pensamiento estratégico: implica la generación y aplicación de ideas y el aprovechamiento de oportunidades que permitan una ventaja competitiva al equipo o a la organización. Ser estratega necesita de un ejercicio de visión panorámica y aérea tanto de la meta como del camino que nos lleve a ella. Ser capaz de generar una estrategia cambiante que facilite una táctica flexible implica la fusión de muchos aspectos: conocimiento del negocio, de la cultura corporativa, del contexto socio-económico y tecnológico, unido a realizar una previsión mediante la exploración de posibles futuros (organizacionales) con el fin de que nos permita ser más adaptativos.
  7. Generar espíritu de equipo: en un entorno híbrido de lo presencial y lo remoto, lo virtual y real, donde el uso de la tecnología cada vez es más intensivo y donde la pantalla en lugar de acercarnos parece que nos distancia, cada vez se hace más que necesario aplicar “el SER humano”: generar confianza, empatía, escucha, comprensión, humor, el trabajo colaborativo, el apoyo en la transición al cambio, la capacidad de “crear sentido de equipo”, y por supuesto, estimular la responsabilidad individual y colectiva. El cuidado de los miembros del equipo y afianzar su interconexión necesita de un tiempo precioso que en principio nos va a regalar la IA y que los líderes han de aprovechar poniendo foco en las personas.
  8. Toma de decisiones: una de las menos populares por lo que observo. Supone elegir la opción, la posición, mojarse y, por supuesto, asumir el resultado, recalcular, volver a decidir y todo ello sin tener siempre disponible toda la información (o a lo mejor sí, si la IA nos lo permite). Lo que es seguro es que lo que aportamos como “SER humano” son los valores a la hora de decidir, la decisión será la adecuada en ese momento, porque será escogida en esas circunstancias y con esa información. Juzgar después que sea correcta o no una vez pasado el tiempo es, además de injusto, irrealista. Coraje, templanza y coherencia son tres principios que necesita una buena toma de decisiones y los que, por alusiones, el líder va a tener que aportar frente a la IA, al menos por el momento.

No hemos hecho nada más que empezar a andar juntos en este camino dual IA-humano, queda todo por hacer, y en el plano del liderazgo será importante definir los espacios de complementariedad donde el talento humano pueda ser aumentado y no eclipsado por la IA.

RR. HH

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